En los últimos días hemos tenido noticia de la ocurrencia de dos terremotos que han causado notable impacto: el que tuvo lugar el 12 de Agosto de magnitud 5.1, con epicentro cerca de Pedro Muñoz (Ciudad Real) y el ocurrido el 15 de Agosto cerca de la localidad de Chincha Alta (Peru) de magnitud 7.9. El tamaño de ambos terremotos ?expresado por su magnitud- ha sido bien diferente, pero ambos responden a un proceso similar de ruptura en una falla geológica, en el que se libera bruscamente una energía que se propaga en forma de ondas sísmicas. Cuando estas ondas alcanzan la superficie terrestre se produce la vibración o sacudida conocida como terremoto. La amplitud de la vibración depende de la energía liberada en el foco y la magnitud constituye una medida de esa energía, en una escala exponencial, lo que significa que al aumentar un grado la magnitud la energía se multiplica aproximadamente por un factor de 30. Para entendernos, harían falta unos 27.000 terremotos como el de Pedro Muñoz para igualar la energía liberada durante el seismo de Perú. Obviamente esta diferencia explica en parte el diferente grado de daño causado por ambos seismos.

¿Qué particularidades han tenido cada uno de estos terremotos?

El seismo de Pedro Muñoz tuvo su epicentro en una zona considerada tradicionalmente como estable, con muy bajo nivel de sismicidad. De hecho, este terremoto ha sido el de mayor magnitud registrado en la zona centro de la Península Ibérica, donde la Norma Sismorresistente Española no exige diseño antisísmico, por considerar que el nivel de movimiento está por debajo del umbral requerido. Se da la circunstancia, además, de que tan solo dos meses antes, el 7 de Junio del presente año, ocurrió otro terremoto con epicentro cerca de Escopete (Guadalajara), de magnitud 4.1, que también produjo notable alarma. Ambos terremotos han tenido un área de percepción muy amplia, sintiéndose en buena parte de España y empiezan a cuestionarnos la estabilidad geológica de la zona central de la Península Ibérica. No obstante, ninguno de estos terremotos ha causado daños de consideración, salvo algún caso aislado como el derrumbe del tejado del teatro de Almagro, posiblemente debido a un débil anclaje con el resto de la estructura. Cabe preguntarse si podrían ocurrir terremotos mayores en esta región, pero la respuesta requeriría un mayor conocimiento geológico del que se tiene en la actualidad. Lo único que por el momento podemos afirmar, es que la zona es menos activa que otras de nuestra geografía, como la zona sur y sureste de España, donde han ocurrido seismos con mayor frecuencia y tamaño -algunos destructores en época histórica- asociados al límite de las placas Eurasia-Africa.

El terremoto de Perú ha tenido su epicentro en el océano Pacífico, al sur de Lima, y el proceso de ruptura en este caso está bien explicado por la confluencia de las Placas Nazca - Sur America. La mayor parte de los terremotos ocurren en zonas límite de placas, y están asociados a tensiones que se generan en el choque entre ellas. Este terremoto, siendo mucho mayor que el de Pedro Muñoz, puede no haber causado tanta sorpresa en la comunidad sismológica, ya que la zona donde ha ocurrido puede calificarse como de alta sismicidad. Y en sismología es bien conocido el dicho: “Donde ha temblado, temblará”. De hecho, son varios los terremotos de magnitud mayor que 7 que han sacudido las costas de Perú en los últimos años: 31 de Mayo de 1970 (M=7.5), 3 de octubre de 1974 (M=7.6), 12 de febrero de 1996 (M=7.5), 23 de Junio de 2001 (M=8.4).

En este caso el origen del terremoto no se cuestiona, pero sí cabe preguntarse si hubiera sido posible evitar el daño. El terremoto del 15 de Agosto de 2007 ha causado más de 350 víctimas mortales, y ello no ha sido debido únicamente a la magnitud del seismo, sino también a la alta vulnerabilidad de las construcciones, probablemente con pobre nivel de diseño en una zona frecuentemente azotada por seismos. Esta conjunción de factores aumenta notablemente el riesgo en países en vías de desarrollo, haciendo que los terremotos lleguen a ser catastróficos. Y no hay que olvidar que El terremoto es un fenómeno natural, pero la catástrofe no es natural. Ésta podría evitarse, o al menos reducirse, adoptando medidas de diseño sismorresistente y con una adecuada planificación urbanística y territorial.

Ante la ocurrencia de terremotos, es necesario potenciar las políticas de prevención de daños, no sólo en países altamente sísmicos sino también en países de sismicidad moderada como España, donde han ocurrido terremotos destructores en el pasado pero apenas se tiene conciencia del riesgo en el presente. Esas políticas deben surgir de la acción combinada de la comunidad científica y de las autoridades políticas y administrativas, y es importante la concienciación en esta línea de actuación, si se quiere lograr que el terremoto deje de producir catástrofes como la recientemente ocurrida en Perú.

Belén Benito, Doctora en Ciencias Físicas, Catedrática de Escuela Universitaria, Universidad Politécnica de Madrid.

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