Archive for Febrero, 2009

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Informe del Feinstein International Center: THE HUMANITARIAN COSTS OF CLIMATE CHANGE:

Este reciente informe del Feinstein International Center ha utilizado un número de diferentes modelos para proyectar en un horizonte de 20 años el aumento probable de costes humanitarios a consecuencia del cambio climático. Los descubrimientos indican que el cambio climático tendrá un impacto significativo en costes humanitarios y que la tasa de este incremento podría oscilar entre el 32%, teniendo en cuenta únicamente los cambios en la frecuencia de los desastres, hasta el 1600% si se tienen en cuenta otros criterios, como como la intensidad.

Noticias:
23-02-2009 (Europa Press)

Los investigadores sobre el desarrollo del cambio climático solicitan contar con “datos significativos” que puedan contribuir a ayudar a las agencias humanitarias que trabajan en los países más afectados, dado que el modelo de estudio actual está afectado por “predicciones salvajemente sensacionalistas”, tanto por lo alto como por lo bajo, y que distorsionan cualquier tipo de estudio al respecto .

En el centro de esta petición se encuentra un informe publicado por el Centro Internacional Feinstein de la Universidad estadounidense de Tufts, que en un principio, emplea varios modelos para proyectar el más que posible aumento en gasto humanitario durante los próximos 20 años, basándose en la intensidad y la frecuencia de los desastres naturales. Pero ese no es el objetivo real del informe.

Para el director del centro y uno de los investigadores, Peter Walker, el informe quiere decir, a grandes rasgos: “Basta de predicciones salvajes y sensacionalistas, admitamos que el verdadero problema es que hemos sido negligentes en los datos que hemos recopilado, y que nos hemos puesto en una situación donde estamos recibiendo enormes presiones para decir algo significativo sobre nuestras perspectivas de futuro”, afirmó en declaraciones recogidas por la agencia de información de Naciones Unidas, IRIN.

Con todo, el informe estima que más de 250 millones de personas resultan afectadas, cada año, por los desastres naturales; desde 1992 se han gastado cerca de 2,7 billones de dólares en la respuesta internacional a ciclones, inundaciones y sequías en alimentos cuatro regiones del mundo: el sudeste de Asia, India y los estados vecinos, este de África y Centroamérica, según el informe Feinstein.

Pero para Walker, el futuro es “inherentemente impredecible”, y las agencias de ayuda están obligadas a “abandonar sus antiguos y confortables modelos lineales sobre el cambio climático” para convertirse en actores más adaptables, flexibles, y abiertos a recomendaciones”.

El informe apunta a que el gasto en reconstrucción podría dispararse un 32 por ciento, teniendo en cuenta los cambios que puedan tener lugar en lo que se refiere a la frecuencia de los desastres. Si estos desastres fueran especialmente intensos, el gasto podría aumentar un desorbitado 1.600 por ciento.

Walker indicó que el primer paso a dar es “definir el problema” con objeto de proyectar ajustadamente los costes humanitarios, ante la ausencia de datos integrales sobre gastos y desastres.

DEFINIR EL PROBLEMA

“La definición que uno escoja depende de para qué vas a emplear los datos”, indicó Walker, quien indicó que la definición depende de “si uno quiere calcular el coste del desastre, si quieres determinar el futuro bienestar de los supervivientes, si uno quiere calcular alguna forma de compensación estatal para las víctimas”

Hay que tener cuidado también con la terminología: “coste humanitario puede entenderse como el coste que comporta para la agencia humanitaria, pero también puede dar lugar a malentendidos”, según explicó. En este caso, los investigadores han decidido emplear el coste internacional estimado por las agencias humanitarias, pero los investigadores esperan que “se transmita la idea de que es imposible decir nada definitivo sobre el verdadero gasto que supondrá reconstruir las vidas de los afectados por los desastres naturales”.

DATOS ECONÓMICOS

El paso siguiente consistirá en examinar las tendencias registradas por los últimos desastres para proyectar el gasto futuro de reconstrucción, pero los investigadores anticipan que la tarea se ve dificultada en gran parte por los obstáculos a la hora de recopilar datos de las principales agencias humanitarias, las que dependen de Naciones Unidas y la Cruz y Media Luna Rojas.

Por ejemplo, el sistema financiero de Naciones Unidas no siempre tiene en cuenta el a veces “considerable gasto de las ONG, que se refleja en una base de datos voluntaria, que suele tener grandes agujeros”. En el caso de la Cruz Roja, sus informes se remontan a 1919, pero “nos encontramos con que han cambiado en dos o tres ocasiones la forma en la que clasifican los desastres naturales por lo que es imposible desarrollar un registro histórico que tenga validez”.

Una aproximación alternativa consistiría en “la construcción de un modelo de pensamiento sobre la forma en la que trabajan los sistemas humanos y naturales, y que proporcionaría una estimación de eventos futuros”.

PREDECIR EL CLIMA

Habiendo hecho esto, el informe estima necesario hallar un modelo a muy largo plazo, porque las predicciones más exactas sólo alcanzan a 20 años y se encuentran distorsionadas por tres aspectos principales. El primero es que dos décadas “es un tiempo muy corto en lo que se refiere a cambios del clima, y muchos científicos se muestran reticentes a efectuar cualquier tipo de predicción para un período tan corto”.

En segundo lugar, “las diferencias entre los modelos que anticipan un cambio máximo y lo que anticipan un cambio mínimo son enormes, y no hay forma de saber cuál es la verdadera”, según el experto.

“Finalmente, los modelos climáticos predicen eventos extremos, y es necesario saber cómo enfrentarse desde una sequía hasta una hambruna, desde un huracán a un huracán dañino, desde una inundación a viviendas inundadas… hay muchas zonas de incertidumbre”.

Walker concluyó que las agencias tienen que “estar más preocupadas con un sistema riguroso y sistemático de recopilación de datos” porque “una vez que los datos mejorados sean puestos a disposición de los investigadores, será necesario realizar nuevos estudios sobre peligros, vulnerabilidad, cambio climático y respuesta humanitaria”.

Enlace a: THE HUMANITARIAN COST OF CLIMATE CHANGE. Feinstein International Center

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Playa de Nules (Castellón) con viviendas ocupando el dominio público. Foto: Ángel Sánchez.

El pasado 5 de diciembre el Consejo de Ministros aprobó la remisión a las Cortes Generales del Proyecto de Ley General de Navegación Marítima que, entre otros fines, actualiza el régimen jurídico de este sector y presta especial atención a la protección medioambiental. Sin embargo, en la disposición final cuarta del proyecto se añade una modificación a la Ley de Costas que suaviza sus condiciones de aplicación. Concretamente, se establece que las concesiones otorgadas a las viviendas construidas legalmente sobre el dominio público antes de 1988 serán transmisibles, previa autorización de la Demarcación o Servicio de Costas, por “actos inter vivos”, subrogándose el nuevo titular en los derechos y obligaciones derivados de la concesión. Es decir, que las concesiones no solo se podrán heredar, sino que se podrán vender y comprar. Hasta ahora el Estado otorgaba una concesión de 30 años, ampliable a 60, a los propietarios de viviendas construidas en dominio público pero no podrían venderlas. La modificación introducida, de ser aprobada por el Parlamento, podría dificultar la recuperación del dominio público, ya que al autorizarse las transmisiones es de esperar que se produzcan revalorizaciones que hagan más difícil la adquisición del suelo por el Estado para asegurar su protección.

La decisión del gobierno puede deberse al profundo malestar entre gran número de ciudadanos que se han encontrado con la imposibilidad de vender las casas que quedaban en poder del Estado, en base al proceso de deslinde del dominio público marítimo terrestre, promovido en aplicación de la Ley de Costas. La protestas se han extendido a propietarios extranjeros, creándose una potente plataforma (Plataforma Nacional de Afectados por la Ley de Costas) para defender a los perjudicados.

Sin embargo, la protección del dominio público marítimo terrestre es una necesidad de primer orden, no solo por razones conservacionistas. sino por los daños que se pueden producir a causa de las inundaciones costeras provocadas por tormentas en alta mar, acompañadas de vientos que empujan las mareas hasta puntos en tierra muy elevados, como ocurrió en la Costa Brava a finales de diciembre del pasado año. Las causas profundas de las inundaciones costeras (precipitaciones y nivel del mar) son debidas a fenómenos naturales esencialmente incontrolables, pero los daños también dependen en gran medida de acciones antrópicas como el talado de bosques en la cuencas hidrográficas superiores, el estrechamiento de los cauces de los ríos y la supresión de las zonas de inundación naturales, drenajes inadecuados y, sobre todo, la construcción masiva de edificios en el litoral.

Efectos del temporal marítimo de 28 de diciembre de 2008 en Tossa de Mar (Costa Brava)
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Estos días pasados, con tantos fenómenos adversos, los meteorólogos han sido el blanco de las críticas de los políticos. Les han dicho que sus previsiones se quedaron cortas, que fueron erróneas cuando aparecieron las nevadas y los vientos. En mi opinión los pronósticos son bastante fiables. Lo que falta es mejorar la comunicación a los ciudadanos y fortalecer la educación en materia de riesgos naturales.

Un artículo de Miguel Ángel Barroso, publicado el 1 de febrero en Domingos de ABC, difundido en la red a través de sur.es, eldiariomontañes.es y lavozdigital.es, recoge interesantes aportaciones de los meteorólogos en este debate.

MIGUEL ÁNGEL BARROSO
Si la borrasca cambió de una forma impredecible no lo pueden predecir. Pero si no lo predicen los que lo tienen que predecir, ¿cómo piensan ustedes que lo vamos a predecir aquellos que estamos esperando la predicción?». El ya mítico trabalenguas de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, encierra una gran verdad después de ser estudiado minuciosamente: la meteorología es una ciencia inexacta. Si bien los expertos que se ganan la vida con ello no están dispuestos a pagar los platos rotos por la reciente ‘ciclogénesis explosiva’. Rubalcaba ya les lanzó un dardo envenenado tras la nevada que colapsó Madrid el 9 de enero, y con el temporal de viento que sacudió más tarde la Península volvió a acusarles de que sus advertencias «se habían quedado cortas».
Ángel Rivera, que fue jefe de Predicción de la Agencia Estatal de Meteorología y actualmente oficia como portavoz, declara que «estamos dispuestos a que nos hagan una auditoría, porque hemos actuado bien». Lo cierto es que no da abasto. El tiempo siempre es noticia, pero no los meteorólogos, encerrados con sus ordenadores e instrumentos de medición y entretenidos con ecuaciones matemáticas.
En alguna Semana Santa o puente festivo han saltado al candelero, señalados por un indignado sector hotelero que se siente perjudicado por sus augurios; sin embargo, la reacción del ministro del Interior les ha sorprendido. «Semanas de pasión», bromea Rivera, que ha sido testigo de la evolución de esta ciencia desde los tiempos del modelo sinóptico, que se utilizaba cuando Mariano Medina era el referente mediático, hasta la irrupción de los modelos numéricos.
«Antes, el meteorólogo estudiaba las observaciones y establecía los modelos conceptuales de frentes, de borrascas… y elaboraba una sinopsis. A partir de ésta aplicaba sus reglas y hacía un mapa para las siguientes veinticuatro o treinta y seis horas», explica Rivera. «Ahora se trata de realizar simulaciones matemáticas de la naturaleza. Lo primero que se hace es recabar información en todo el mundo. Un satélite no envía fotografías, sino datos. Es preciso asimilar bien ese caudal, porque si un modelo matemático parte de un análisis deficiente, mal asunto. Después de la recogida, el ordenador o bien el experto -hay 120 predictores en España- realizan una serie de estructuras. La verdad es que esta responsabilidad recae cada vez más en las computadoras. Por último, se elaboran las predicciones y se distribuyen a los sistemas de comunicación».
Las televisiones y demás medios reciben los pronósticos de forma continua, aunque cada cual tiene, digamos, «libertad de cátedra». El cómo llega finalmente la información al usuario es algo que obsesiona a Ángel Rivera. «En la época de Mariano Medina las predicciones serían mejores o peores, pero no había muchas dudas; ahora nos están contando una docena de versiones distintas, y hay quien se acoge a la versión menos mala para coger el vehículo y salir de viaje. Salvo TVE, que dedica seis o siete minutos a esta información, el resto de los canales sintetiza demasiado».
Mario Picazo, el ‘hombre del tiempo’ más popular de Telecinco, cree que la meteorología «no es noticia los 365 días del año, pero sí la mitad, y en situaciones extraordinarias sería bueno contar con miniespacios, como cuando se produce alguna noticia de alcance y se ofrecen avances informativos. La reacción del público le provoca no pocas reflexiones. «El tiempo tiene un tirón impresionante en las curvas de audiencia. A veces la gente percibe que somos demasiado sensacionalistas y que la cosa no es para tanto, de modo que la información acaba desvirtuándose. Reconoce sentir una cierta presión psicológica cuando llegan las vacaciones de Semana Santa. «Algunas comunidades son muy sensibles a causa del turismo. Tampoco decimos a los ciudadanos ‘no se les ocurra ir hacia allí’, sino que sean precavidos».
A Roberto Brasero, de Antena 3, le preocupa que le tomen en serio. «De entrada contamos con un espacio reducido y tengo la impresión de que sonamos a runrún de fondo a la hora de la siesta. Brasero destaca las dificultades para dar más minutos a la meteorología en las cadenas generalistas. «Casi me doy con un canto en los dientes con lo que tengo. ¿Presión? Hombre, a veces fastidias a la hostelería, pero favoreces al público, que es a quien nos debemos». Sobre las acusaciones de «cortedad» vertidas por Rubalcaba cree que «lo fácil para un comunicador del tiempo es pasarse. No habría que criticar, sino felicitar a quien con suficiente antelación alertó de un fenómeno extremo inusual y virulento, la ciclogénesis explosiva»
Otro aspecto en el que se debe profundizar es por qué se sale a la calle o a la carretera desoyendo las recomendaciones. Habría que involucrar a los sociólogos en esto. ¿Qué entienden los ciudadanos?, ¿cómo reaccionan ante los avisos? Antes se quedaban en casa; ahora confían en su suerte, en la calidad de sus vehículos o, directamente, desconfían de la información que les proporcionamos. No hay educación sobre la vulnerabilidad ante los fenómenos meteorológicos. Los programas divulgativos han desaparecido de la parrilla, precisamente ahora que contamos con más herramientas para hacerlos rigurosos y atractivos.

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La ola máxima del temporal del pasado 24 de enero, registrada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO) al norte de Santander, fue de 26,13 metros, una altura equivalente a un edificio de 7 plantas, según recoge una nota de prensa del citado instituto. La oceanógrafo del IEO Alicia Lavin, indicó a EFE que “es un dato muy sorprendente ya que no había registros tan altos desde que se iniciaron estas mediciones en 1996″, añadiendo que “para ser aguas españolas es una altura muy importante” y que esto podría cambiar los “márgenes de resistencia de las construcciones” que se estén levantando o proyectando.

El temporal del pasado día 24 no sólo batió el récord de altura de una ola en la costa española, sino también el registro histórico de “olas significantes”, un parámetro oceanográfico que se obtiene de la media del tercio de las olas más altas registradas durante un periodo concreto, generalmente media hora. El oleaje se produjo en unas condiciones meteorológicas de 980 milibares de presión atmosférica y vientos sostenidos de 84 kilómetros por hora.

Los técnicos de la CHS, organismo dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, han detectado importantes problemas a la hora de deslindar el dominio público en la zona de las playas de Orihuela. Allí, muchos barrancos han sido ocupados total o parcialmente, sobre todo, por urbanizaciones que en algunos casos se han dotado con puentes cuya capacidad de desagüe es muy inferior a la circulación de caudales en momentos puntuales de lluvia, siempre según las fuentes oficiales.
Desgraciadamente, en la Vega Baja es relativamente habitual que muchos ayuntamientos permitan que promotores urbanísticos, con el consentimiento de la Conselleria de Medio Ambiente, Agua, Urbanismo y Vivienda (organismo que aprueba definitivamente los planes), incluyan en el cómputo general del suelo afectado por las urbanizaciones las ramblas y barrancos colindantes, pese a que no son urbanizables.
Este suelo, una vez dento del proyecto, se califica como zona verde, aumentando consecuentemente el suelo urbanizable e incrementando los beneficios, siempre según las fuentes consultadas por el periódico de la provincia de Alicante información.es.