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José L. González / ICOG

Muchas de las pérdidas humanas materiales de los desastres naturales podrían ser evitadas mediante el uso de geoinformación que está disponible a través de la tecnología actual. Ello requiere de un apoyo político e institucional sólido, así como de disposiciones que regulen estos usos y de mejores prácticas profesionales.

El Comité Conjunto de Sociedades de Información Geoespacial (JB GIS) ha editado el libro Geoinformación para la Gestión de Riesgos y Desastres, que trata de superar estas dificultades, cubriendo todas las regiones del mundo y todos los aspectos de gestión de estos fenómenos. Para ello, el libro explica a los gobiernos, a los funcionarios y a los profesionales de la gestión de riesgos, el uso potencial de las tecnologías de geoinformación.

A través de diversos artículos se exponen 4 temas fundamentales:

- Tecnologías, sistemas y enfoques actuales para los procesos de vigilancia, alerta temprana y apoyo a la toma de decisiones.
- Uso de productos espaciales y aéreos en la detección de daños y respuesta inmediata ante desastres.
- Técnicas de simulación de terremotos, inundaciones y deslizamientos basadas en redes de sensores remotos y datos GIS.
- Utilización de la integración de imágenes y datos GIS en actuaciones de gestión de riesgos y post-desastres.

Enlace a: Geoinformation for Disaster and Risk Management

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José L. González / ICOG

Hace pocos días se confirmó el procesamiento de varios científicos que formaban parte de la Comisión Nacional de Grandes Riesgos, de Italia, órgano consultivo que asesoraba a las autoridades públicas durante la crisis que precedió al terremoto que destruyó la ciudad de L’Aquilla en el año 2009.

Los imputados han sido acusados de homicidio involuntario por su actuación informativa durante la crisis sísmica. Según la fiscalía, los científicos restaron importancia a la posibilidad de que se produjera un seísmo destructivo, realizando “una valoración del riesgo aproximativa, genérica e ineficaz”, y facilitaron a la población “informaciones imprecisas, incompletas y contradictorias”

Por su parte, los científicos han criticado las actuaciones judiciales. Señalan que cada año se producen cientos de sismos en Italia. Advierten que podrían producirse alarmas injustificadas si cada vez que se produce actividad sísmica se alertase a la población. También critican el fundamento científico de la imputación, ya que el conocimiento científico actual no permite predecir terremotos.

Pero Vicenzo Vittorini, presidente de la asociación de víctimas del terremoto de L’Aquilla, cuya esposa e hija murieron en el terremoto, declaró recientemente a los medios que no es un proceso a la ciencia. “Sabemos que el terremoto no podía predecirse y que la evacuación no era una opción”, dijo Vittorini”, “pero necesitábamos una información más clara sobre los riesgos con el fin de poder adoptar nuestras decisiones”.

Lo cierto es que poco antes de producirse el terremoto que destruyó L’Aquilla, el subdirector del Servicio de Protección Civil, De Bernardinis, apareció en la televisión diciendo que la comunidad científica le había comunicado que no había peligro ya que se estaba produciendo una descarga de energía. Sin embargo, los científicos niegan que realizaran este tipo de apreciaciones y responsabilizan de la tragedia a la mala aplicación de las normas de construcción antisísmica.

El juicio se celebrará el 20 de septiembre.

volcanic-ash.jpgJosé L. González / ICOG

La erupción del volcán Grimsvotn ha sido distinta a la del Eyjafjayajokull. También las condiciones meteorológicas. Pero, ante todo, debemos de reconocer que en esta ocasión Eurocontrol y los organismos reguladores del transporte aéreo han estado a la altura de las circunstancias.

En primer lugar, se ha aprendido la lección sobre la ineludible necesidad de aplicar con moderación el principio de precaución, buscando un equilibrio entre la seguridad y el coste que supone un enfoque de riesgo cero. En segundo lugar, ha habido algunos avances políticos en la construcción del cielo único europeo, estableciendo estructuras de coordinaciòn más eficientes. Y en tercer lugar, se han actualizado los protocolos de actuación para responder ante estas amenazas en el ámbito aeronáutico, y se cuenta con mejores herramientas de gestión de información. La herramienta EVITA (European Crisis Visualization Interactive Tool for ATFCM), por ejemplo, permite gestionar de manera eficiente los datos sobre concentración de cenizas y áreas de peligro y los difunde al servicio de gestión de tráfico aéreo.

Entre las asignaturas pendientes, seguimos a la espera de la elaboración de un plan de intermodalidad del transporte en Europa, al que se comprometieron los ministros de transportes de la Unión Europea en el Consejo de 4 de mayo de 2010.Tanto la crisis de cenizas volcánicas del volcán Eyjafjayajokull como la provocada por las nevadas de diciembre de 2010 han puesto de manifiesto que, cuando un modo de transporte sufre una crisis grave en Europa, no es fácil que los demás modos de transporte sean capaces de tomar el relevo para suplir las carencias. Es necesario, por lo tanto, reforzar la “resiliencia” del sistema europeo de transporte garantizando la movilidad ininterrumpida de pasajeros y mercancías en el caso de que una crisis repentina afecte gravemente a la continuidad del transporte aéreo.

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José Luis González / ICOG

El terremoto de Lorca ha puesto de manifiesto aciertos y fallos en la forma de gestionar el riesgo sísmico. Entre los aciertos, merece destacarse el avance que se ha producido en España en materia de protección civil. Entre los fallos, es ineludible señalar la necesidad de mejorar las normas de construcción en zonas sísmicas y la educación a la ciudadanía para hacer frente a situaciones de riesgo.

La ley de protección civil, promulgada hace más de 25 años, ha sido capaz de establecer un marco organizativo y de planificación adecuado para hacer frente a las situaciones de grave riesgo, catástrofe y calamidad pública que puedan presentarse. Así, en el ámbito del riesgo sísmico se han estableciendo diferentes planes de actuación, tanto a nivel estatal como de las comunidades autónomas más afectadas por este riesgo (Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía, País Vasco, Extremadura e Islas Baleares). Además, el Gobierno ha creado la Unidad Militar de Emergencias, cuerpo de élite de las Fuerzas Armadas desplegada por toda la geografía española, para responder ante cualquier emergencia grave en un tiempo breve y con toda su efectividad.

Pero en el ámbito preventivo los progresos en materia de gestión del riesgo sísmico han sido más modestos porque, aunque se dispone desde los años setenta de una normativa de construcción sismorresistente, cuya última edición data del año 2002, no parece que esta norma haya podido evitar la caída de muchos elementos no estructurales de los edificios durante el terremoto de Lorca. También es cierto, sin embargo, que el propósito de este tipo de normativa es proporcionar unos criterios y recomendaciones, de modo que su aplicación al diseño dote a las estructuras de suficiente sismorresistencia para que las construcciones puedan evitar el colapso ante las sacudidas más fuertes previsibles, con una probabilidad razonable, aunque con posibles daños.

Otro aspecto que se debe mejorar es el relacionado con la información y formación a los ciudadanos sobre sus pautas de comportamiento en el momento de un terremoto e inmediatamente después de ocurrido. Es imprescindible impulsar y perfeccionar programas de educación ciudadana y de concienciación social sobre riesgos naturales fomentando, por una parte, la implantación de campañas específicas y permamentes de información y concienciación en centros escolares, medios de comunicación, organizaciones de protección civil, etc. Y por otra parte, es necesario reforzar los contenidos de las materias relativas a las ciencias geológicas, integrándolas en los planes de estudio para garantizar la comprensión de fenómenos como los terremotos u otros procesos extremos y sus posibles consecuencias.

Serie Terremoto NE Lorca (IGN) aquí

Informe geológico preliminar del terremoto de Lorca (IGME): aquí

Protegiendo a su familia de los terremotos (USGS): aquí

Decálogo del ICOG para minimizar el riesgo sísmico en España
: aquí

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ethics2.jpg José Luis González / ICOG

Después del terremoto y tsunami de Japón el mundo es más consciente del desafío que plantean los riesgos naturales. Millones de personas en todo el mundo pueden estar amenazadas en un futuro cercano. Por ello es importante conseguir un compromiso cada vez más amplio de la sociedad en la mitigación de los riesgos naturales.

El Dr Václav Némec, vicepresidente para Europa de la Asociación de Geocientíficos para el Desarrollo Internacional (AGID), ha señalado en Geoethics News que los riesgos naturales deben ser considerados el problema primordial de la Geoética. Según el Dr. Jesús Martínez Frías, la Geoética es una disciplina clave en el ámbito de las Ciencias de la Tierra y Planetarias, que implica aspectos científicos, tecnológicos, metodológicos y socioculturales (sostenibilidad, desarrollo, museología), pero también la necesidad de considerar protocolos apropiados, problemas de integridad científica y un código de buenas prácticas con respecto al estudio del mundo abiótico

Este enfoque requiere introducir nuevos compromisos en los códigos éticos de los geocientíficos. Por ello, recientemente el Colegio Oficial de Geólogos de España ha concretado en su Código Deontológico un concepto amplio de Geoética, basado en los principios de cautela, sostenibilidad y seguridad humana. La incorporación de estos valores implica que el geólogo deberá tener en cuenta las necesidades éticas que se derivan de sus actuaciones en numerosos campos de actividad, tales como el aprovechamiento de los recursos naturales, la protección de la geodiversidad, la mitigación de los riesgos naturales o la cooperación al desarrollo.

No es la primera vez que se introduce en la deontología profesional principios como la sostenibilidad o el respeto al medio ambiente, pero los geólogos hemos dado un paso más porque incluimos en el código deontológico la noción integral de Geoética. Además, concretamos el principio de seguridad humana en relación con los riesgos naturales o la lucha contra la pobreza, estableciendo reglas para asumir compromisos profesionales.

El geólogo estará obligado, según dicta el código, a aportar todo su conocimiento y capacidades en la mitigación de riesgos naturales, dando prioridad a las estrategias preventivas, y procurará garantizar la seguridad de personas y bienes, así como la protección del medio ambiente. Cuando se le requiera cooperará con responsabilidad y diligencia con las autoridades públicas competentes en situaciones de riesgo y, en su caso, colaborará en la transmisión de información a la sociedad, utilizando con seriedad, objetividad y rigor los datos científicos.

El geólogo también deberá valorar el papel determinante de los factores geológicos en la lucha contra la pobreza y, en su caso, contribuirá con sus conocimientos a la mejora sostenible de las condiciones de vida de las sociedades más vulnerables.

La aplicación de la Geoética en la deontología profesional de los geólogos es un reflejo de nuestra vinculación con la sociedad civil y del compromiso de trabajar en interés de todos los ciudadanos.

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José Luis González / ICOG

Todavía recordamos el efecto del volcán Eyjafjallajökull (Islandia) en abril de 2010. Las nubes de cenizas emitidas durante esta erupción se esparcieron por casi todo el continente europeo. Durante varios días, el tráfico aéreo resultó gravemente perturbado, ya que la entrada de partículas en las turbinas podía bloquear los motores de las aeronaves. Miles de vuelos tuvieron que ser cancelados. Esta erupción volcánica es uno de los mejores ejemplos para poner de relieve el impacto de los peligros geológicos sobre infraestructuras y servicios esenciales para la sociedad.

Hace pocos días, un fuerte terremoto de magnitud 9.0 en la escala de Richter, ocurrido a 130 kilómetros al este de Honshu (Japón), y el posterior tsunami que devastó la costa oriental de la isla, impulsó la mayor emergencia nuclear acaecida en el mundo desde el accidente de Chernobyl (Ucrania). Varios reactores de la central nuclear de Fukushima resultaron gravemente afectados. Otras infraestructuras críticas, como las terminales portuarias, las redes de energía, las comunicaciones terrestres y el suministro de agua, sufrieron una destrucción severa. Es indudable, que los efectos de la crisis humanitaria se han amplificado a consecuencia de estos impactos.

Nos encontramos ante un cambio de paradigma en la consideración de las catástrofes naturales. Fenómenos geológicos como terremotos, tsunamis o volcanes, actúan como drivers, modelando los riesgos socioeconómicos y las amenazas a las infraestructuras críticas. Ya no hay catástrofes naturales sino catástrofes complejas de dimensiones múltiples. En la actual catástrofe de Japón se muestra una secuencia clara en este sentido.

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earthquake.jpgJosé. L. González / ICOG

Hemos tardado 2500 años en saber que, quizás, la leyenda de la Atlántida relatada por Platón tuvo su origen en un tsunami que destruyó la civilización minoica. Pero ayer, en menos de una hora, podíamos compartir a través de internet y de la televisión los terribles efectos del terremoto y tsunami ocurridos en Japón.

No han sido eventos inesperados en la región. En términos geológicos, la placa tectónica del Pacífico se introduce debajo de Japón en la fosa oceánica situada al este de la isla de Honshu. Hay un proceso de interacción entre las placas del Pacífico y de Norteamérica. Este mecanismo produce movimientos relativos entre ambas placas a una velocidad de 83 milímetros al año y genera una elevada sismicidad. El tsunami es consecuencia del desplazamiento vertical de la falla que origina el terremoto.

Comentábamos hace unos días las tendencias observadas en el impacto de los desastres y destacábamos la necesidad de dotar a las sociedades de mayores fortalezas para incrementar la capacidad de resistencia y de recuperación ante estas situaciones. El terremoto ocurrido el 11 de marzo permite seguir esbozando nuevas reflexiones en esta línea.

Estamos ante un terremoto de magnitud muy elevada (8.9 Richter) que ha puesto a prueba la gran capacidad preventiva de Japón para hacer frente a desastres naturales. Probablemente, Japón es el país mejor preparado del mundo en construcción antisísmica, en sistemas de alerta temprana y en educación ante catástrofes. Ello hará que, aunque el número de víctimas sea muy elevado, no alcanzará la severidad de otros eventos similares. Pero las pérdidas económicas posiblemente serán muy altas.

Quizás, el terremoto y el tsunami de Japón nos muestran los límites de la prevención. Japón, un país desarrollado con alta tecnología y excelente preparación ante emergencias, también puede sufrir consecuencias severas derivadas de los riesgos naturales. El avance tecnológico y la creación de modernas infraestructuras supone un progreso innegable para la humanidad, pero también plantea importantes desafíos. En este sentido, es evidente que la creación de infraestructuras críticas, como las centrales nucleares, en zonas de alta peligrosidad geológica, conlleva riesgos añadidos en el proceso de planificación del territorio.

Los Geólogos podemos contribuir en este proceso, aportando información a los responsables de tomar decisiones para que las opciones que se adopten sean las más seguras.

geologist2.jpg José L. González / ICOG

El tema sobre el que escribiré hoy no trata sobre riesgos naturales sino sobre riesgos geopolíticos. Es un tema candente en el que algún geólogo, como Sadad al-Husseini también tiene algo que decir. Sadad nació en Siria, estudió geología en la Universidad de Beirut y se doctoró en la Universidad de Brown. Llegó a ser vicepresidente ejecutivo de Exploración y Producción de SAUDI ARAMCO, la mayor compañía petrolera del mundo. Ahora, su nombre aparece en los papeles filtrados por WikiLeaks a través del diario The Guardian.

Hace pocos años, Sadad se reunió con varios diplomáticos de la embajada americana en Riad y les desveló datos relevantes sobre prospectiva energética. Según este geólogo de ARAMCO, aunque la petrolera saudí pudiera alcanzar una producción de 12 millones de barriles por día en los próximos 10 años, sería incapaz de cumplir dicha meta en el corto plazo. Además, Al-Husseini mostró su desacuerdo con las actuales estimaciones de ARAMCO. En su opinión, las reservas de Arabia Saudí estarían sobrevaloradas en nada menos que 300.000 millones de barriles. (more…)

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José L. González / ICOG

Los recientes pronósticos de la División de Población de Naciones Unidas muestran que la población mundial continuará aumentando, deteniéndose su crecimiento en torno al año 2050, en el que la población se estabilizará en unos 9.150 millones de habitantes. El crecimiento se concentrará en regiones en vías de desarrollo y será particularmente pronunciado en algunos países con escasas capacidades para absorber dicho incremento.

En las sociedades desarrolladas la tendencia demográfica más notable es el aumento del envejecimiento, pero en muchos países pobres y frágiles del mundo, como Oriente Medio, África y algunas partes de Asia, lo más prominente es el crecimiento juvenil masivo. Otra característica demográfica relevante es el aumento global de población urbana con respecto a la rural. Hace un siglo solo el 10 por ciento de la población habitaba en ciudades, pero en la actualidad la mitad de la población mundial ya habita en áreas urbanas.

Estas tendencias demográficas tienen cada vez más influencia sobre los riesgos a los que se enfrenta el mundo. Se plantean los siguientes desafíos:

- Escasez de recursos hídricos y alimentarios. El aumento de población mundial incrementa la demanda de agua y alimentos, acentuando los conflictos y las disputas territoriales.

- Competencia por los recursos energéticos. El incremento de consumo de las potencias emergentes y el cercano agotamiento de los combustibles fósiles, acentúa las tensiones territoriales por el acceso a estos recursos.

- Degradación ambiental. La sobreexplotación de los recursos básicos favorece el deterioro ambiental y exacerba los conflictos latentes en Estados frágiles o fallidos.

- Aumento de las migraciones masivas. El agotamiento de los recursos y los efectos del cambio climático, pueden incrementar las migraciones masivas desde regiones sometidas a altos niveles de estrés ambiental.

- Aumento de los riesgos urbanos. El crecimiento masivo de grandes urbes, junto con la pobreza y la falta de infraestructuras de control adecuadas, incrementa la ubicación de asentamientos marginales en zonas de riesgos naturales.

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José L. González / ICOG

Durante 2010, el Centro de Investigación sobre Epidemiología de Desastres (CRED) ha contabilizado 373 desastres naturales en el mundo. Estos desastres han producido 296.800 víctimas mortales y 208 millones de afectados. El coste ha ascendido a 110 mil millones de dólares.

Los desastres más mortíferos han sido el terremoto de Haití, con 225.500 víctimas mortales, y la ola de calor de Rusia, con 56.000 muertes.

En Europa, también hay que destacar la ocurrencia de otros eventos climáticos extremos, como la tormenta Xynthia (febrero de 2010), las fuertes inundaciones en Francia (febrero de 2010) y el temporal invernal que afectó a toda Europa en diciembre de 2010.

En Asia, los episodios más catastróficos han sido las inundaciones ocurridas en Pakistán, que afectaron a un quinto del territorio del país. Perdieron la vida 2.000 personas.

En términos económicos, los peores desastres del año 2010 han sido el terremoto de Chile (pérdidas de 30 mil millones de dólares), las inundaciones y aludes de China (18 mil millones de dólares), las inundaciones de Pakistán (9.5 mil millones de dólares y el terremoto de Haití (8 mil millones de dólares).

Durante el presente año, es posible que continuen produciéndose episodios meteorológicos extremos, como las lluvias torrenciales ocurridas en diciembre de 2010 en Queensland, Australia, que han estado asociadas con el fenómeno de La Niña, uno de los más intensos del último siglo, según ha informado la Organización Meteorológica Mundial.

Las tendencias observadas señalan que el impacto socioeconómico de los riesgos naturales va a continuar siendo muy alto en los próximos años. Cinco factores potencian este escenario: el aumento en la intensidad de los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos, la degradación ambiental, el crecimiento de la población urbana, la vulnerabilidad de los asentamientos y la falta de una óptima gobernabilidad para reducir los riesgos.

Ante estas dificultades cobra importancia el concepto de resiliencia, conceptuado como la capacidad para reaccionar con efectividad y rapidez ante los efectos de los desastres. Para ello es preciso dotar a la sociedad de mayores fortalezas y promover que nuestras infraestructuras puedan seguir funcionando, incluso en situaciones extremas.

2010: Disaster in numbers
Interview with BBC World News, Margareta Wahlstrom